Los diaguitas de la época precolombina, (1.000 al 1.600 d.c), asentados en los valles de los ríos Copiapó, Huasco, Elqui, Limarí y Choapa, eran productores y fuertes consumidores de bebidas fermentadas, y lo mismo ocurría con otras etnias originarias. Aunque tenían distintas denominaciones, comúnmente se las conocía por “Chicha”. En las regiones del norte se elaboraban con frutos del algarrobo, molle o el chañar. Los mapuches la confeccionaban con maíz, cebada, quínoa, murtilla, frutilla o maqui. La chicha era bebida por las comunidades indígenas en fiestas sociales o cahuines, festejos colectivos como la minga; iniciación de las machis, ritos religiosos o fúnebres; también en ceremonias, rogativas o nguillatunes. En el sur se cultivaba el mango, hoy extinguido, con el cual se elaboraba una chicha, muy apreciada por los puelches, picunches y huilliches. Los pobladores de Magallanes acostumbraban a fermentar los frutos del calafate y ruibarbo para obtener una rica bebida. En Valdivia, Llanquihue y Chiloé fabricaban chicha con la manzana, hasta hoy típica bebida que acompaña a la cocina regional.
En la mitad del siglo XIX, la chicha de uva se extendió por las regiones centrales de Chile. Se elaboraba exprimiendo la uva en prensas de madera y luego se fermentaba. Su fabricación era más rústica que la del vino. En las regiones “huasas”, la chicha nació asociada a las fiestas patrias, las fondas, los rodeos, las trillas y los festivales folclóricos en época de vendimias.
Receta:
Actualmente, las “rutas de la chicha”, de Curacaví, Doñihue, Casablanca y Melipilla son las más cotizadas por los amantes de estas bebidas y por el mercado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario