El “Navegado” fue bautizado así por los pescadores de Chiloé, quienes en sus embarcaciones repartían vino, durante los meses de invierno, por las islas del Archipiélago. Los isleños hicieron su aporte al descubrir que para pasar el frío era más efectivo hervir el vino tinto con torrejas y jugo de naranja, agregarle azúcar, canela y clavo de olor. Como una “Ola Sureña”, este navegado cubrió todo el territorio nacional desde el siglo pasado, y se transformó en uno de los tragos más solicitados en bares y restaurantes durante los meses fríos.
Los vinos chilenos, en el ámbito rural y urbano, han dado origen a muchos tragos, y generalmente son la base de los combinados. La historia vitivinícola chilena se inicia con la llegada de los españoles, en el siglo XVI. Las primeras cepas se adaptaron rápidamente a las propiedades del suelo de la región de Coquimbo, y a mediados del siglo XIX, las plantaciones de vides se extendieron por la zona central. A comienzos del 1900 varias provincias de chile se transformaron en excelentes productoras. Actualmente, hay cinco grandes regiones vitivinícolas: Atacama, Coquimbo, Aconcagua, Valle Central y Sur. Es tradición elaborar el navegado no con el mejor vino.
Receta: poner a hervir a fuego alto una taza de azúcar, 1 taza de agua caliente, 2 palos de canela y 2 clavos de olor. Agregar 2 naranjas y 1 limón cortados en rodajas. Se revuelve bien hasta disolver el azúcar. Reducir a calor medio y agregar 1 litro de vino tinto. Calentar revolviendo. Dejar reposar unos minutos y servir en vasos de greda a la usanza tradicional.

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